El escarabajo de Wittgenstein

El escarabajo de Wittgenstein

En sus Investigaciones filosóficas Ludwig Wittgenstein pone el siguiente ejemplo:

Imagina que al nacer te dan una caja con un escarabajo dentro. Se trata de un objeto muy valioso y extremadamente personal, tanto, que nadie puede ver el interior de la caja salvo uno mismo. De este modo, no existe una forma objetiva de confirmar que todas las cajas contengan lo mismo. En el mejor de los casos podrían contener un escarabajo de verdad, pero nada garantiza al cien por cien que en lugar del escarabajo no haya otros insectos, como una hormiga o una araña, o que incluso no haya nada, eso sí, sea lo que sea, siempre se considerará bajo el término de “escarabajo”.

 

Supongamos que la descripción del “escarabajo” se establece teniendo en cuenta solo el que guardamos en nuestra caja, ya que no podemos ver el resto. De ser así, la definición de lo que es un escarabajo cambiaría continuamente, dependiendo de cada persona. Es más, cuando uso la palabra “escarabajo”, ¿a cuál de ellos me estoy refiriendo? Sin duda al mío, pero no hay forma posible de saber si al del resto. Es por eso que, según Wittgenstein, para la construcción de la palabra y del concepto “escarabajo” lo que hay dentro de cada caja particular es irrelevante. La palabra bien podría acabar significando, sin más, “esa cosa que está en la caja de cada persona”.

 

Tal vez el ejemplo con escarabajos pueda resultar un poco extraño, pero Wittgenstein lo aplica en primer lugar al concepto de “dolor”. Por tanto, si continuamos con el símil, la palabra “dolor” no se puede relacionar con nuestra propia experiencia y sensación personal de dolor, sino que solo tiene sentido como acuerdo colectivo del hecho del dolor. No podría ser de otro modo, ya que no podemos saber exactamente lo que otras personas están experimentando o sintiendo.

 

Pero volviendo a los escarabajos, si tratamos de usar la palabra “escarabajo” para referirnos a lo que hay dentro de nuestra caja estamos hablando de algo que no puede conocer nadie más aparte de nosotros mismos, por lo que no tendría sentido que la palabra hiciera referencia a nada personal o subjetivo. De esta manera, concluye Wittgenstein, no existe tal cosa como un lenguaje privado. El lenguaje que utilizamos para comunicar sensaciones subjetivas de nuestro mundo privado ‒por ejemplo, del dolor‒ es un lenguaje formado en el ámbito de lo social. Una idea, la del lenguaje como un arte social, sobre la que años después volvería Quine en su ensayo “La relatividad ontológica”, aunque desde el punto de vista de la traducción entre idiomas. Uno de los discípulos de Quine, Daniel Dennett, iría todavía más lejos al afirmar en “La conciencia explicada” que una experiencia interior solo puede comprenderse como un acto social porque solo existe en tanto en cuanto es comunicable.

 

“Process-Art”, la terapia de Eva Hesse

“Process-Art”, la terapia de Eva Hesse

Se ha definido elProcess-Art” o “Antiform” al movimiento artístico que apela al sentimiento creativo y a un punto de vista sobre el mundo donde tiene más transcendencia el proceso por sí mismo que el producto final del arte. Este proceso dentro del “Process-Art” se refiere al proceso de la formación del arte: la búsqueda, clasificación, recopilación, asociación y estampado. Sin embargo, bien podríamos definir estos procesos artísticos como herramientas conductoras para la canalización de las emociones o la fuga de escape ante la catarsis, es decir, lo que todos conocemos como arteterapia.

Muchas son las disciplinas artística que pueden ser tomadas desde una perspectiva terapéutica, ya mencionábamos en “El poder de un diario para emprender” que la escritura era un instrumento eficaz para trabajar los bloqueos y estimular la creatividad. En la víspera del Año Nuevo de 1954, aproximadamente una semana antes de cumplir 19 años, la artista Eva Hesse tuvo que pensar lo mismo y comenzó un nuevo diario con una declaración de intenciones en su primera página:

“Abro mi nuevo libro… para presentar un nuevo capítulo de sabiduría, esperanzas, alegrías y miedos. Seré honesta conmigo misma; y con eso, ÉXITO”

En el transcurso de la breve carrera artística de Hesse, ella canalizó deseos y ansiedades profundamente arraigadas en esculturas que volcaban las rejillas minimalistas con formas flácidas y corporales; enredos frenéticos de cuerda gruesa; y superficies de látex que se asemejan a la piel y otras sustancias flexibles y pegajosas. Sin pretenderlo, la historia del arte contemporáneo ha situado sus obras como punto de referencia en la transformación de la escultura moderna y han sembrado, en cierto modo, el movimiento de arte feminista que estaba por venir. Aunque Gloria Lapeña Gallego de la facultad de Bellas Artes de Murcia, hace una brillante reflexión en su trabajo “¿Feminismo o necesidad? El proceso artístico en la obra de Eva Hesse y Ana Mendieta” sobre el arte como necesidad terapéutica para atenuar las inevitables heridas de la artista, habitualmente encasillada en la categoría de “feminista activa”

A continuación, vamos a explorar los diarios de Hesse, sus cartas y conversaciones con Nemser y su amigo Sol LeWitt en un intento de brindar al lector algunas lecciones que se pueden extraer de las palabras sinceras que la artista plasmó en el papel durante los diferentes periodos de su vida. Creemos que estas 4 lecciones podrán motivarte en tus procesos creativos, y por qué no decirlo, son también aplicables a la vida cotidiana:

 

Lección # 1: Si estás atascada, prueba nuevos caminos y métodos

 

 

Hesse después de estudiar en Cooper Union y en Yale, se dirigió a Nueva York, en particular a Bowery, donde se hizo amiga de artistas minimalistas como Sol LeWitt y Robert Ryman. En ese momento ella estaba haciendo pinturas, dibujos voluptuosos y líneas que se asemejaban al cabello erizado que explotaba de vagas rejillas. Pero en 1964, durante una residencia de un año en Alemania, se sintió bloqueada y ya no pudo plasmar la complejidad de sus emociones en pinturas. “La expresión a gran escala y en la pintura siempre fue tediosa”, le comentó a Nemser. “No era natural y pensé expresarlo de otra manera. Así que comencé a trabajar con alivio en otra dirección”

Ella trabajaba en una fábrica textil abandonada llena de sogas, cables y tubos eléctricos desechados. Allí encontró un potencial con todo aquel material dúctil y comenzó a convertir hebras gomosas y deshilachadas en acumulaciones circulares que crecieron de tablas pintadas y terminando en senos, dando como resultado su obra Ringaround Arosie (1965). Experimentos como estos desbloquearon a Hesse y a su regreso a Estados Unidos su mente se abrió a una gama de nuevos materiales y escalas. Desde entonces, ella se desafió a sí misma a probar nuevos métodos y afirmó:

“De hecho, mi idea ahora es descartar todo lo que aprendí o me enseñaron sobre esas cosas y encontrar algo más”

Lo que nos lleva a pensar que todo aprendizaje significativo se encuentra en la experimentación y que podemos salir de cualquier crisis o atasco mental cuando actuamos en direcciones opuestas o alternativas a lo conocido. Recuerda siempre en desaprender lo aprendido.

 

Lección # 2: Abraza lo absurdo

En la década de 1960, cada vez más Hesse aprovechaba para su trabajo lo que describió como “el absurdo total de la vida”. Esta frase abarcaba su propia trayectoria personal: escapar de la Alemania nazi cuando era niña, el suicidio de su madre a una edad temprana y luchar contra el cáncer a los 33 años. Auténticos dramas que expresó con su trabajo a través de dicotomías: disciplina versus libertad, concreto versus abstracto y orden versus caos. En una entrevista con Nemser, comentó:

“Cuando era una artista más joven o menos madura, siempre fui consciente de que podía combinar el orden y el caos, la cuerda y la masa, lo grande y lo pequeño. Intentaba encontrar los más absurdos… u opuestos extremos, y siempre era consciente de su contradicción formal. Siempre fue más interesante que hacer algo del tamaño correcto, la proporción correcta”

En 1966, Hesse hizo una pieza escultórica titulada Hang Up. Fue “la primera vez que surgió mi idea de absurdo o sentimiento extremo”, le dijo a Nemser. Sobre esta pieza Hesse comentó “Es la estructura más ridícula que he hecho y por eso es realmente buena. Está saliendo de algo y sin embargo nada”

Más tarde Hesse exploraría estos temas a través de la repetición obsesiva. En su serie “Adhesión” (1967-69), ató cientos de hilos de vinilo desordenados que se asemejaban a ejércitos de anémonas hambrientas o a un arbusto gigante. Cuando Nemser le preguntó por qué empleaba la repetición, la artista respondió “Porque exagera. Si algo es significativo, quizás sea más significativo decirlo diez veces”

Por tanto, que duda cabe pensar que aceptar con naturalidad aquellos momentos trágicos que llegan a nuestra vida de manera absurda y lograr transformarlos en obras, puede ser la solución para tener ese enfoque que nos ayude a desinhibirnos y crear nuevas expectativas

 

Lección # 3: Explora el mundo con espontaneidad

 

 

Hesse se esforzó por alcanzar un nivel de espontaneidad en su trabajo y créeme cuando digo que hay que esforzarse. Porque ser espontaneo no es tarea fácil en una sociedad donde la mayoría de la gente se toma los asuntos muy en serio y con una rigidez escalofriante. De hecho, esa prudencia que muchos practicamos para no ofender a nadie, lo sintió Hesse cuando en 1964 escribió en su diario:

“Me pregunto cuánto debo imponer de mis ideas preconcebidas y hasta qué punto debo estar alerta y dispuesta a aceptar lo que suceda en el lienzo”

Mientras que muchos de sus compañeros ocultaban sus métodos, formas de trabajo o procesos artísticos antes de exponer sus obras minimalistas, Hesse reintrodujo el desorden y el azar cuando dibujaba abiertamente esbozos que la guiarían en direcciones nuevas e imprevistas para realizar sus esculturas. Ella quería revelar, incluso celebrar, la verdadera naturaleza de sus materiales. No había motivo para avergonzarse de los procesos por los que debía pasar hasta llegar a un resultado final. “Tampoco es querer tener un plan tan definido. Es un bosquejo, solo un rápido dibujo para desarrollarlo en el proceso, en lugar de elaborar un modelo pequeño completo y seguirlo”, le dijo a Nemser.

“Tengo sentimientos muy fuertes acerca de ser honesta. Y en el proceso, me gustaría ser, suena cursi, fiel a lo que sea que use y usarlo de la manera menos pretenciosa y más directa. Si el material es líquido, simplemente no lo dejo ni lo vierto. Puedo controlarlo, pero realmente no quiero cambiarlo. No hay una regla. No quiero mantener ninguna regla… En ese sentido, no procesar los materiales se vuelve importante”

Quizás lo más importante que podemos extraer de las palabras de Hesse es que no se impuso reglas o pautas a sí misma. Sus procesos artísticos le ayudaron a aceptar lo que tenía, adaptarse al entorno y bucear entre sus emociones. La espontaneidad acudía al generar un canal libre de prejuicios, pensamientos y culturas autoimpuestas.

 

Lección # 4: Practica la valentía

 

 

Hesse luchó con la ansiedad y la duda, problemas que compartió con su buen amigo Sol LeWitt. En una carta de 1965, LeWitt la alentó a dejar de lado las aprensiones : “Aprende a decir ‘Fuck You’ al mundo de vez en cuando. Tienes todo el derecho a hacerlo. Solo deja de pensar, preocuparte, dudar, temer, lastimar… fastidiar, rechinar, regatearte a ti misma. Detente y simplemente HAZ”. Ella pareció seguir el consejo de su buen amigo y en 1970, cuando sus obras finalmente recibieron más atención y reconocimiento, atribuyó la fuerza de su trabajo a la valentía. Por entonces Hesse declaraba a Hemser:

“Por eso creo que podría ser tan buena. No tengo miedo. Podría correr riesgos. Tengo la mayor apertura sobre mi arte. Es total libertad y disposición para trabajar. Estoy realmente dispuesta a caminar al límite, y si no lo he logrado, ahí es donde quiero ir”

Tanto en su estudio como en su desarrollo personal, Hesse alcanzó el equilibrio al fusionar el coraje con una ética de trabajo obstinada. Dos premisas clave que toda persona debe cultivar para enfrentarse a los retos que impone la vida; valentía para no abandonar nuestros sueños y perseverancia para hacerlos realidad. Gracias al “Process-Art” esas cualidades pueden estar al alcance de todos

Greta Thunberg ¿qué podemos aprender de ella?

Greta Thunberg ¿qué podemos aprender de ella?

En estos días, la figura de Greta Thunberg está inundando todos los medios y redes sociales, parece que haya nacido el nuevo mesías del ecologismo. Podríamos estar hablando de ella eternamente, sin embargo más que hablar me cuestiono qué podemos aprender de Greta. En cuanto al aspecto ecologista, poco podemos aprender porque en los medios no se habla de políticas ambientales, incluso desconocemos qué hábitos diarios tiene Greta para impulsar un cambio climático ¿su principal medio de transporte es la bicicleta? ¿utiliza en su casa las bombillas eternas que no se funden? ¿compra su ropa en tiendas de segunda mano? ¿tiene su propio huerto? ¿usa la copa menstrual? Como diría Roy Batty en Blade Runner “todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”

 

Sin embargo, hay algo que podemos aprender de Greta, la manera de construir una marca personal para nuestro emprendimiento. Esta joven adolescente de 16 años nos ha demostrado que el principal conductor de una empresa es crear un Branding. Desde que estudié Relaciones Públicas hasta el momento actual, las técnicas de comunicación han cambiado bastante en el aspecto que se han vuelto más sofisticadas.

 

 

Estas nuevas generaciones nos muestran que Edward Bernays sigue vigente con sus teorías de marketing relacional y que el secreto que toda empresa tiene para ser escuchada es evangelizar a su público. En el siglo XIX, la psicología estudiaba cómo controlar la opinión pública. Pronto sus conclusiones dieron lugar a un negocio muy rentable. Puedes ampliar esta información viendo el documental “Propaganda, La fábrica del consentimiento” emitido por “Canal Arte” hasta el 09/11/19. Analiza la mecánica de la propaganda con entrevistas a intelectuales como Noam Chomsky, que recupera la figura del publicista Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud y pionero del marketing y de las relaciones públicas.

 

Hay que tener presente que la imagen de Greta no solo ha calado entre un determinado público, también ha suscitado el interés de personas más conscientes con la crisis sociocultural que, sin pretenderlo, con posturas más críticas y maduras han provocado que la imagen de la joven Greta esté en boca de todos. Uno de los mejores artículos que he encontrado al respecto llega de la mano de Pedro Fernández Barbadillo para Actuall

"No limpiáis vuestra habitación y vais a limpiar el planeta"

No limpiáis vuestra habitación y vais a limpiar el planeta

Como suelo decir, una de las maneras más efectivas para aprender provienen de la observación. Ser espectadores dentro de “la era de la información” nos ayudará a desenvolvernos entre los medios de comunicación. Leer artículos desde todos los puntos de vista y sacar tu propio análisis suelen ser herramientas creativas muy potentes para que logres posicionar tu emprendimiento online en internet y adquirir cierta relevancia entre tu audiencia. Si deseas conocer más sobre las nuevas técnicas de marketing online junto con varios ejercicios de copywriter y escritura creativa, recuerda que las puedes encontrar en nuestro programa “Emprender con la Gorra”

Planificación Engañosa. La Ley de Hofstadter

Planificación Engañosa. La Ley de Hofstadter

¿Eres de las personas con mentalidad distraída que nunca planifica nada? o quizás ¿eres de las personas organizadas que planifican todo sin permitir que se escape ningún detalle pero al final no se cumplen con las expectativas? Seas como seas, si no quieres sentirte desmotivada en tu emprendimiento, te aseguro que conviene leerse el artículo que traemos hoy. Hablaremos de la “Planificación Engañosa” y cómo podemos aprender a manejarla para afrontar los retos del emprendedor y no tirar la toalla antes de tiempo.

El especialista en ciencia cognitiva y ganador del premio Pulitzer, Douglas Hofstadter, formuló la ley que lleva su mismo nombre y que mencionamos a continuación;

 

 

Por lo general, las personas somos malísimas planificando. Habrás vivido muchas situaciones de descontrol en tu emprendimiento al intentar compaginarlo con tu vida personal. Sobre todo, nosotras las mujeres, que intentamos organizarnos lo mejor posible para lograr compaginar la crianza de los hijos, las tareas domésticas con nuestro emprendimiento o trabajo sin mucho éxito. Al final terminamos agotadas y desmotivadas porque a duras penas cumplimos las expectativas. Muchas acabamos renunciando a nuestros deseos de emprender porque se nos hace imposible alcanzar ciertos objetivos. Pero ¿y si el problema ha sido que nos hemos precipitado en fijar los plazos para alcanzar nuestras metas?

Aunque sea preocupante, esta cuestión no sólo nos ocurre a nosotras las mujeres corrientes. Muchos directores de corporaciones o  líderes de proyectos, que están preparados y trabajan con exclusividad en su empresa, tienen todos los números para no dar en el clavo.

Jason Fried y su colega, en el libro “Rework” comenta a manera de broma que

“La planificación es adivinar”

En ese aspecto, las mujeres tenemos un sexto sentido que suelo llamarlo “premonitorio” y que, si no estamos muy desconectadas de nuestros instintos, logramos parecer las pitonisas dentro de los proyectos. Pero lejos de esta opinión, como seres humanos que somos, también tenemos la probabilidad de caer en la “planificación engañosa”.

“La planificación engañosa” es la tendencia a infravalorar los plazos de finalización de un proyecto. Cuanto más complejo sea nuestro proyecto, más probabilidades habrá de que surja algún imprevisto. Pero este hecho no solemos tenerlo presente a la hora de planificar, pues la meta a alcanzar es tan jugosa que nos sitúa en un estado optimista por naturaleza. Cuando planificamos, tendemos a imaginar un panorama en el que los astros se alinean para que todo nos salga a pedir de boca. Como consecuencia, solemos infravalorar la probabilidad de que otros aspectos influyan en el plan como pudiera ser la enfermedad de uno de nuestros hijos, perder la conexión a internet por alguna avería en el edificio, bloqueos creativos o la avería de alguna de nuestras herramientas de trabajo.

Además de estos imprevistos que surgen en nuestro entorno y que suelen ralentizar nuestros procesos de trabajo, también hay que tener en cuenta los factores externos. La competitividad nos somete a una presión exterior difícil de manejar ¿Quién no ha cambiado un plazo de entrega ante la demanda de un cliente para ajustarnos a sus deseos? En muchas ocasiones sabemos analizar los tiempos que lleva un proceso de fabricación o la producción de un servicio porque además de nuestra profesionalidad, contamos con esos imprevistos que mencionamos. Pero nos sentimos obligados a cambiar los plazos para no perder ese cliente. Como consecuencia, desfiguramos la realidad y terminamos perdiendo al cliente por no cumplir con sus plazos y por no haber sido sinceros desde el primer instante. Así que ¿cuál es el consejo para evitar la planificación estratégica engañosa?

Primero asumir la realidad teniendo presente los imprevistos y poseer cierta creatividad para improvisar sobre la marcha con fluidez. Segundo, tener muy claro que el cliente no siempre tiene la razón en cuanto a plazos de fabricación o producción. Tú llevas muchos años realizando el trabajo y sabes lo que se tarda en desarrollar los procesos, por lo tanto, presenta un presupuesto dejando bien claro los plazos de entrega. Para cuidar tu autoestima y el prestigio de tu empresa, es preferible tener clientes (aunque sean pocos) que confíen en tu palabra antes que perder clientes por tu falta de honestidad.

¿Cómo fijar el baremo en los plazos? A los imprevistos que puedan surgir dentro de tu trabajo y en tu vida personal, suma algunos días más para poder negociarlos con el cliente. A la hora de analizar el tiempo que se tarda en desarrollar un trabajo, tarea o proyecto debes tener siempre presente dichos imprevistos, tanto los internos como los externos. Si en tu blog de notas realizas un esquema como el que aquí te presentamos, te ayudará a analizar mejor la situación y fijar los plazos de entrega con mayor efectividad:

 

 

Y como emprender siempre es una batalla constante, se podría resumir este artículo con las inmortales palabras de Dwight D.Eisenhower:

“Nunca se ganó una batalla siguiendo un plan, pero ninguna batalla ganada carece de uno. Los planes son inútiles, pero planificar es indispensable”

Ya sabes. Planea, pero no dependas de tus planes ni te dejes influenciar por personas que desconocen los procesos de tu trabajo. Mientras sigas trabajando con constancia, con toda la rapidez y eficacia que puedas, lograrás alcanzar tus objetivos sin caer en la desmotivación. Pero si todavía sientes la necesidad de conocer más estrategias como éstas para no abandonar tus proyectos antes de tiempo y lograr aumentar tu productividad, te podemos ayudar con nuestro programa “Emprende con la Gorra”

Los 3 estados del emprendedor con Síndrome de “Hombre Orquesta”

Los 3 estados del emprendedor con Síndrome de “Hombre Orquesta”

Si en este preciso momento alguien te preguntase a qué te dedicas ¿sabrías responder de manera inmediata y definirlo con precisión? ¿Estás tan saturado de tareas que ya no sabes que puesto desempeñas dentro de tu organización? ¿El caos en el que estás sumergido te hace perder el rumbo de tus proyectos? ¿Sufres agotamiento mental y sientes que el ritmo de productividad disminuye? ¿Observas que tus resultados no compensan en proporción a todas las horas de trabajo que inviertes? Si tus respuestas son afirmativas, con toda seguridad estés pasando por el síndrome del “hombre orquesta”.

A continuación detallamos algunos síntomas ordenados en tres niveles según su gravedad. De tal manera que podrás identificar en cual te encuentras y ponerle remedio con nuestras sugerencias:

 

Nivel leve:

Sigues el orden que te has fijado en la agenda y eres consciente de que tienes que realizar muchas tareas al cabo del día. Crees saber repartir el tiempo para cada departamento, pero en el fondo desconoces las horas que se requieren para cada actividad. De hecho, en muchas ocasiones, las tareas que te habías fijado para el final del día no se llegan a cumplirse ni aún robándotelo de tu tiempo libre para el ocio y el descanso. Al final terminas agotada y sientes que el tiempo se te escapa de las manos y no te explicas donde se ha ido. Aunque sabes reconocer tus prioridades, percibes que te faltan horas al cabo del día para realizar las tareas que te habías planteado para cada departamento.

Qué hacer:

Estás en un nivel suave, con lo cual, no hay por qué preocuparse. Sabes organizarte, tienes tus funciones bien definidas y conoces tus prioridades respecto a las tareas que desempeñas. Te falta reconocer el valor de los tiempos que lleva cada trabajo. Probablemente estás sobrecargando tu agenda con más tareas que horas tiene el día. Desconocer los tiempos conlleva saturar la agenda con tareas que no terminan de realizarse y por lo tanto, te llevará a un estado de colapso con la consiguiente desmotivación y desánimo en tu emprendimiento.

Tendrías que poner en marcha un cronómetro que te indique el tiempo que utilizas por cada actividad. Te aconsejo que utilices Toggl como herramienta para analizar tus tiempos y de esta manera ubicarlos en tu agenda con mayor precisión. Con esta app podrás administrar tu tiempo y saber si lo inviertes más en un departamento o en otro. Esta herramienta facilita la configuración de los tiempos porque puedes compartimentar en diferentes tipos de tarea. De esta manera lograrás programar una agenda más acorde con la realidad y compaginar con mayor equilibrio tus tiempos de trabajo con los de ocio y descanso.

 

Nivel medio:

Vas saltando de actividad en actividad como abeja buscando el néctar que te proporciona el placer de comenzar proyectos. Eres una especie de picaflor con las tareas pero rehuyes de los trabajos más tediosos. El orden de tus prioridades está fijado por tu instinto de satisfacción personal en vez de por las tareas que son verdaderamente importantes para tu emprendimiento. En realidad no tienes el hábito de agendar las tareas porque no has definido ningún plan ni estrategias para tus proyectos. Empiezas por las actividades que te divierten y postergas aquellas que te son desagradables. Al final generas un listado de tareas molestas pendientes de hacer y como consecuencia, la procrastinación entra en juego obstaculizando el avance de tus proyectos.

Qué hacer:

Debes crear un calendario adaptado al orden de actividades en función de las prioridades de tus proyectos. Empieza el día realizando en primer lugar aquellas que te son más molestas o que te entrañen más dificultad y después, como “premio-estímulo”, realiza las actividades que más te agraden. Si por ejemplo te cuesta mucho realizar las tareas de comercial porque es desagradable enfrentarte a las ventas de “puerta fría”, comienza el día realizando las primeras llamadas a posibles clientes. Fíjate un tiempo para esa tarea y una vez lo hayas superado, pasa a realizar aquella tarea que más te estimule como diseñar un producto o servicio nuevo. De nada te valdría diseñar primero un producto si luego no tienes clientes a quien ofrecérselo, así que, cambia el orden de tus preferencias.

Una vez que hayas invertido el orden de las tareas en base a su prioridad y no a tus gustos, te recomiendo que utilices la herramienta Pulse para gestionar tareas y acciones diarias a la vez que obtienes los tiempos empleados. La herramienta es muy sencilla. Se organiza por proyectos y con etiquetas para filtrarlos mejor. De ti depende activar o desactivar el control del tiempo, pudiendo realizar varias tareas a la vez. Aunque, si todavía no tienes el hábito de dejar terminadas las tareas más tediosas, antes de comenzar con otras actividades te recomiendo que actives el control de tiempo y no empieces ninguna otra tarea sin haber terminado el plazo fijado en la que estés trabajando.

 

Nivel Severo:

Aunque tu empresa haya crecido tanto en los últimos años, estas a punto de tirar la toalla y en varias ocasiones te has planteado cerrar el negocio para irte a Malibú. Has llegado a un punto donde el agotamiento es extremo, el caos se ha apoderado de tus proyectos y no tienes ningún control sobre él. Te faltan horas al día y ya no sabes cuales son tus prioridades. Para poder evadirte un poco del desorden en el que vives te conectas a las redes sociales con el autoengaño de promocionar tus servicios. Al final del día te remuerde la conciencia porque en realidad has estado perdido el tiempo en contemplar memes y en charlas improductivas. Las cosas se amontonan, tus proyectos no avanzan, estás teniendo episodios de bloqueos y vas perdiendo la ilusión de hacer progresar tu empresa.

Qué hacer:

Ha llegado el momento de enfrentarte a la realidad, dejarse de autoengaños y aprender a delegar. Llevas mucho tiempo abusando de tus capacidades, el trabajo ha absorbido todo tu tiempo libre, apenas te permites estar con tu familia o amigos ni desconectar del trabajo durante un fin de semana. Incluso puede que lleves varios años sin plantearte unas vacaciones en serio porque priorizas la atención a tus clientes hasta en verano. Aceptar que necesitas un descanso de verdad no significa que tengas que irte a Malibú, sino que debes plantearte nuevos hábitos de trabajo que te permitan compaginarlo con tu tiempo de ocio. Necesitas una nueva organización y comenzar a delegar algunas de tus funciones a otras personas.

Desconecta unos días de tu trabajo y de las redes sociales. Busca un lugar tranquilo donde estar en familia pero también disponer de un tiempo para ti misma donde reflexionar para dar otro enfoque a la empresa. Realiza un organigrama donde ubicar los diferentes departamentos de tu organización. Acepta que tu empresa ha crecido y asume que ya no puedes estar en todos los departamentos. Contrata aquellos servicios donde no seas imprescindible o te distraigan demasiado de tu actividad principal. Por ejemplo puedes contratar los servicios de un Community Manager, un Asistente virtual o un Copywriter.

Dentro de las funciones que tú vayas a desempeñar, fíjate un horario que sea flexible con tu vida personal y cuenta también para ello con fijar un periodo de vacaciones anual. En tus días laborables utiliza ManicTime como herramienta organizativa para controlar el uso que haces de tu ordenador. En concreto, en vez de cronometrar el tiempo de tareas, ManicTime tiene en cuenta las aplicaciones y archivos que empleas. ¿Abusas de Facebook o Instagram? ¿Te has pasado todo el día con un único informe o escribiendo para el blog? Con esta aplicación lograrás mejorar tus hábitos de trabajo. El proceso es automático, si bien puedes pausar, reanudar y configurar los resultados añadiendo etiquetas. Por descontado, al final de la jornada verás los resultados para así saber a qué funciones le dedicas más tiempo y si es normal o deberías evitar ciertas distracciones. Una vez logres armonizar tus tiempos de trabajo, te darás cuenta que el aumento de la productividad no está relacionado con la cantidad de horas de trabajo que inviertas en tu negocio sino con la calidad de las mismas. Estarás tan satisfecha de tus logros que el cuerpo te pedirá seguir trabajando durante todo el año pero ¡recuerda!, oblígate a tener tu periodo de vacaciones.