El poder de un diario para emprender

El poder de un diario para emprender

Si has decidido emprender, iniciar un proyecto o diseñar algún programa cultural, artístico o educativo, lo que siempre se debe tener a mano es un diario o blog de notas para hacer florecer la creatividad. De hecho, una de las cosas que aconsejo a todos los participantes de nuestro programa “Emprende con la Gorra” es que lleven un diario durante todo el curso. Escribir manualmente y hacer mapas mentales ayuda al desarrollo de la creatividad, rompe bloqueos y pone en marcha ideas precursoras.

Muchas personas se asombran de la destreza para generar ideas que tienen los creativos, como si la imaginación fuese debida a alguna cualidad innata del individuo. Lejos de parecerlo, no tiene nada que ver con la genética ni el carácter de una persona, sino con el entrenamiento y el uso adecuado de herramientas que estimulan la inventiva, el potencial emprendedor y los principios básicos para desarrollar un proyecto; Enfoque, Claridad, Productividad, Creatividad y Bienestar.

Como soy bastante práctica y tiendo a copiar a otros genios, en lugar de reinventar la rueda por el bien de la misma, directamente la pongo a funcionar y observo cómo algunas de las personas más increíbles de la historia usaron sus diarios y aprovecharon sus lecciones, ideas y consejos para desarrollar su máximo potencial. Sin más preámbulos, permite que te presente a cuatro mentores del diario y los principios que aplicaron para hacer que su escritura diaria fuese poderosa, efectiva y con resultados que, a las pruebas me remito, les funcionaron. Espero que te ayuden a inspirarte como lo hacen para mí, y logres revolucionar la forma en que expresas tus pensamientos, desarrollas tu proyecto o pones a funcionar tu emprendimiento.

 

Leonardo da Vinci: Deja fluir la mente

 

 

Lo que ahora conocemos como Design Thinking, una metodología no tan nueva que empieza a consolidarse en muchas empresas como filosofía para crear e innovar productos y servicios dentro del mercado, Leonardo ya lo practicaba hace más de 500 años. Si observamos sus apuntes, nos daremos cuenta que a Leonardo no le importaba mucho la estructura. Y esa es la finalidad que un emprendedor debe realizar con los apuntes en su cuaderno. Que una idea provoque otra, saltar libremente entre ellas en un flujo creativo sin restricciones. Así lo hacía Da Vinci. Como resultado, sus diarios combinan una cantidad impresionante de inventos, diseños, observaciones y descubrimientos. ¿Qué podemos aprender de él? Además de que era una mente brillante, que tú también posees la misma mentalidad pero necesitas entrenarla con un diario y permitirte dejar aflorar las ideas que llevas dentro.

Por lo tanto, nunca dejes de escribir en el diario lo que sea que tengas en mente y de la forma que quieras. No tiene que ser lineal. No tiene que ser texto. E incluso si es así, no tiene que ser horizontal. Puedes garabatear, incluso si tus habilidades en el dibujo son vergonzosas, no importa, los garabatos son empujadores profesionales para que salgan las ideas. Libertad extrema en tu diario. Puedes arrancar el papel. Puedes escribir al revés, o no escribir en absoluto y, en cambio, dibujar lo que tienes en mente. La clave es darse permiso para explorar.

Recuerda:

Nunca vas a escribir un diario incorrecto, siempre te saldrá perfecto. Cuanto más intuitivo sea el diario para ti, más agradable serán tus procesos creativos, lo que a su vez lo hará más consistente y te ayudará a entrenar la mente para hacerlo aún más intuitivo. ¿Y quien sabe? Tu cerebro podría generar algunas ideas increíbles en el proceso y en un futuro tu diario terminaría expuesto en un museo.

Te recomiendo consultar los diarios de Da Vinci porque podrían ser tu fuente de inspiración. Puedes acceder a los escaneos de forma gratuita en la web de Victoria&Albert Museum

 

Frida Kahlo: El papel será tu mejor terapeuta

 

 

Cuando decides emprender siempre vas a necesitar de un apoyo emocional constante y en algunos momentos te será difícil contratar el servicio de un coaching como facilitador para ordenar ideas o un arteterapeuta como catalizador para gestionar las emociones. Sin embargo, disponer de un diario donde plasmar todas las emociones será el mejor aliado que puedas tener para descargar aquellos sentimientos que te estén bloqueando la creatividad.

Emprender siempre es un camino en solitario, aunque cuentes con familia, amigos o pareja que te apoye, las riendas solo las puedes llevar tú misma. En muchas ocasiones vivirás situaciones complejas donde deberás tomar decisiones cruciales y en solitario. Las emociones jugarán un papel importante porque serán los motores de tu energía. Si alguna vez sientes que tu mente está llena de temores o ansiedades difíciles de gestionar, piensa en el diario de Frida Kahlo. Desde temprana edad, su vida consistió en un sufrimiento casi constante, físico y emocional, que se reflejó en su arte de forma única y poderosa. Ella no tenía miedo en desnudarse ante el papel, descargaba todas aquellas emociones que la oprimían.

Frida llenó su diario con dibujos y escritos que expresaban su sufrimiento, y vertía todos sus sentimientos en sus páginas sin ninguna restricción. ¿Por qué hacía eso? Por una simple razón: Liberación catártica.

Canalizar tus sentimientos, pensamientos y vivencias, sin importarte lo doloroso que pueda ser, es un poderoso proceso de curación que conduce a la claridad de ideas. Al descargar de tu interior esas emociones que te paralizan, se produce un estado donde te sentirás más ligera para continuar batallando en la realidad del emprendedor. Es como compartir tus preocupaciones más profundas con tu amigo o amiga más cercana y de mayor confianza, incluso mejor todavía porque no te sentirás juzgada por nadie. No importa lo difícil que pueda ser lo que estés viviendo, el acto de “ventilación” te hará sentir más ligera.

Recuerda:

El papel lo absorbe todo, incluidas las lágrimas. La celulosa aguantará cualquier peso que sueltes de tu mente. Es un lugar cálido, mullido, amplio y abierto para ti. Úsalo para compartir tus cargas emocionales y liberar todo aquello que te perturbe.

 

Benjamin Franklin: Un método para reavivar tu fuerza de voluntad

 

 

Te seré honesta (cuando suelo ser honesta peco de persona ruda y chunga), si alguien te ha dicho que emprender es un camino de rosas donde puedes ganar un dineral por el simple hecho de montar un blog, olvídate. Detrás de un blog hay muchas estrategias fallidas, muchos clientes tóxicos, mucho “colaborador” caradura, en definitiva, muchos factores que te pueden hacer perder los límites de la paciencia y hasta la moral. Hace falta equilibrio mental y toneladas de perseverancia para lograr dar con la llave que abrirá las puertas del triunfo. Y aquí llega una dura verdad: No importa lo deseable que pueda ser tu objetivo, tu motivación no durará para siempre. Si quieres avanzar en tu proyecto, debes aprender a adaptarte a los días malos (que serán mayoría) y dominar tus instintos más bajos.

La mejor manera de hacerlo es establecer rutinas y métodos efectivos que reaviven tu fuerza de voluntad. ¿Y adivina quién será tu mejor aliado para eso? Has acertado: tu diario. Benjamin Franklin tenía una ambiciosa meta de vida: el logro de la perfección moral. Para asegurarse de seguir avanzando hacia su objetivo, siguió una simple rutina de diario en dos pasos:

1º Paso: Cada mañana, contestaba una pregunta en su diario: “¿Qué bien haré hoy?”  Y luego, por la noche, reflexionaba y verificaba si lo hizo o no.

2º Paso: Cada noche, él revisaba las trece virtudes que definió para sí mismo y rastreaba si se había saltado alguna de ellas.

Formulate esa misma pregunta cada mañana y responde siguiendo unas pautas que consideres te mejorarán como profesional. Esto no significa que debas obsesionarte con la moral en cada aspecto de tu vida. Benjamin dormía tranquilo a pesar de saltarse alguna que otra virtud. Sin embargo, el método te ayudará a generar hábitos y puede hacer que sea más fácil adquirir una disciplina para alcanzar tus objetivos al crear un sistema de diario simple, estable y efectivo.

Recuerda:

No se trata de alcanzar la perfección. Se trata de lograr mantener una actitud positiva ante los problemas y ofrecer la mejor versión de ti todos los días del año. Aprenderás a deshacerte de clientes tóxicos con tan exquisita educación, que te agradecerán haberles indicado el camino para irse a la mierda.

 

Marco Aurelio: El diario de las grandes preguntas para meditar

 

 

Apenas domino la historia clásica pero bien podría catalogarse a los emprendedores y emprendedoras dentro de los estoicos. Por ir recapitulando un poco, todos los estilos de diarios que aquí estoy desgranando tienen un punto en común, la calidad de vida que quieras llevar como emprendedor/a está directamente relacionada con la calidad de tus pensamientos y con las preguntas que te puedas realizar al cabo del día.

Por ilustrar un poco la idea. Es poco probable que reflexionar sobre el clima, el tráfico o la última absurda polémica que haya surgido por las redes sociales, te brinde información relevante que te cambie la vida o que te aporte un conocimiento enriquecedor para el alma. Al contrario, son elementos de distracción que debes evitar para no perder el enfoque.

Por otro lado, reflexionar sobre tus mayores defectos o lo que te hace sentir realmente viva podría expandir de manera significativa tu comprensión, es decir, aceptarte tal y como eres con amabilidad. Mantener tu esencia y ser auténtica como emprendedora, serán la clave que te diferenciará de tu competencia. Además aprenderás a relacionarte con un entorno que, a veces podrá ser hostil por exhibir tu talento y otras veces te embriagarán con halagos banales. Saber manejar esos entornos te ayudará a actuar con determinación y evitar que tu emprendimiento pierda sustancia y rumbo.

Hace tiempo escribí sobre la importancia de preguntar. La clave está ahí, en profundizar haciéndote preguntas relevantes. Marco Aurelio, el emperador de Roma y el hombre más poderoso de su tiempo, mantuvo un diario en el que reflexionó sobre las preguntas y los problemas más profundos a los que se enfrentaba. El registro de sus pensamientos, más tarde publicado como “Meditaciones”, sigue siendo uno de los libros de filosofía más influyentes de todos los tiempos, incluidos los consejos prácticos de vida que aún son relevantes casi 2000 años después de que los escribiera.

Recuerda:

Cada vez que te sientas atrapada, ya sea en tu vida personal, en tu vida profesional, con tu emprendimiento o con tu práctica de escribir un diario, simplemente haz una gran pregunta significativa y reflexiona sobre ella. Es probable que aprendas algo sobre ti que literalmente lo cambiará todo. Y quien sabe, puedes lograr tal relevancia que termines publicando un libro con tus meditaciones.

Si te vale como inspiración, aquí te dejo el audio-libro con las “Meditaciones” de Marco Aurelio. La voz que narra los pensamientos de Marco es tan hermosa que será un balsámico para esas noches que no logres conciliar el sueño.

 

Hagamos un resumen con lo que hemos aprendido de estos cuatro genios del pasado:

1.-  Deja fluir tu mente: No hay una forma correcta de escribir un diario. Permítete fluir libremente para generar nuevas ideas y percepciones.

2.-  El papel será tu mejor terapeuta: Comparte tus cargas emocionales con un diario para la liberación catártica. Te sentirás más ligera/o y tu almohada lo agradecerá.

3.-  Un método para reavivar tu fuerza de voluntad: la motivación no dura siempre. Facilítalo creando retos con métodos y rutinas que mantengan activa tu voluntad.

4.-  El diario de las grandes preguntas para meditar: Haz preguntas sustanciosas y sumérgete en las profundidades de las respuestas.

Recuerda, el diario es el cuaderno de bitácora de los emprendedores. Una vez que hayas interiorizado estos cuatro principios, estarás preparada/o para el siguiente paso: crear tu propio estilo de diario. Escribir en tu cuaderno te ayudará a generar hábitos saludables, aumentará tu productividad y empujará tu proyecto al siguiente nivel.


Los 7 pecados capitales que impiden emprender

Los 7 pecados capitales que impiden emprender

Jamás me pude imaginar que un científico pudiera darme las claves para iniciar mi emprendimiento. Por alguna extraña razón, la sociedad actual del disparate ha considerado que tanto las ciencias como las artes son disciplinas improductivas, inútiles y desfasadas. Que si tienes dudas sobre como llevar con éxito un emprendimiento, te olvides de referentes de la cultura y recurras a los manuales de autoayuda de cualquier influencer que copa el escaparate de una librería en una gran superficie comercial. Sin embargo, he comprobado que en las bibliotecas o museos puedes hallar las respuestas a muchos de los comportamientos humanos que desees corregir para lograr alcanzar tus objetivos.

Al margen de este chascarrillo personal que comento para aprender a nutrirse de conocimientos, bien es sabido que a todos nos gusta pensar que tenemos el talento suficiente para tener un gran impacto en el mundo o que todos podemos emprender con éxito aquel proyecto que hemos visualizado durante largo tiempo. Aunque, también es cierto que no importa cuán inteligente, talentoso o capaz sea alguien, no siempre se obtiene esa gran oportunidad para emprender. Muchas personas lo atribuyen a la mala suerte, a no disponer de suficientes recursos económicos o a no estar en el lugar correcto en el momento correcto, pero ¿podría haber una razón científica detrás de esa falta de éxito cuando emprendemos? Por supuesto que existe y está escondida en el siglo XIX

Santiago Ramón y Cajal, el fundador de la neurociencia, intentó explorar los límites psicológicos que impedían que las personas con talento sobresalieran o destacaran en la vida. Sus estudios merecieron que por primera vez se aludiese a una “doctrina de la neurona”, y entre sus aportes tenemos algunas publicaciones sobre el comportamiento humano desde una perspectiva del estudio de la mente.

En 1897 publicó un libro que se puede extrapolar a nuestra época, donde nos muestra los vicios de la personalidad que se repiten (como patrones atemporales) en las personas talentosas que nunca emprenden ni llegan a aportar su valía al mundo exterior. En dicho libro detalló seis factores diferentes que limitan los talentos de un individuo, a los que llamó “enfermedades de la voluntad”.

En ese libro titulado Reglas y Consejos sobre la investigación biológica. Los Tónicos de la voluntad, desmenuza las actitudes que podrían estar aniquilando ahora mismo tu talento. A grandes rasgos, Ramón y Cajal apunta a que, si bien es necesario soñar, investigar, ahondar, imaginar, debes pasar del estado soñador al realista-soñador. O dicho en lenguaje coloquial, debes pasar al estado emprendedor. Para ello deberás evitar que estos 7 pecados capitales sean los protagonistas de tu actitud:

 

Contempladores

Muchas personas que no llegan a desarrollar su talento son contempladores profesionales. Que por un lado tiene su belleza, incluso su parte terapéutica, pero si se exceden en esa especie de meditación eterna, se terminará anquilosado y se perderán de las bondades de aportar su semilla. Son personas, que, literalmente, contemplan la hermosura de la naturaleza y la estudian; de las ideas y filosofan, de las creaciones y se recrean hasta la extenuación; aprecian en demasía, pero su estado suele quedarse sólo en esta parte. El consejo que nos ofrece Ramón y Cajal es aplicable a cualquier emprendimiento y te indica que debes tomar dirección, salir de lo puramente abstracto y enfocarte en tus objetivos.

Reconócese en los síntomas siguientes: amor a la contemplación de la Naturaleza, pero sólo en sus manifestaciones estéticas: los espectáculos sublimes, las bellas formas, los colores espléndidos y las estructuras elegantes (…) ¿A qué seguir? Todos nuestros lectores recordarán tipos y variedades interesantes de esta especie, tan simpática por su entusiasmo juvenil y verbo cálido y cautivador, como estéril para el progreso efectivo de la Ciencia.

 

Eruditos o bibliófilos

Son esas personas que dicen saberlo todo, son como una especie de wikipedia parlante que destilan cierta arrogancia. Predicadores en altares que nunca han dirigido una empresa pero que se pasan el día pontificando sobre cómo realizar las hazañas, de alguna manera se apropian de los negocios ajenos a través de la crítica. Está bien que un emprendedor se interese por numerosos temas, pero, también es necesario que se profundice con la práctica en algunos tópicos, comprobarás que la experiencia es un grado. Los eruditos empedernidos suelen desarrollar grandes discursos (y ego), pero sólo es eso, rozan el “cuñadismo” y nunca emprenden nada:

Discuten de todo –desparramando y abusando de su intelecto entusiasta. Este hombre indolente de la ciencia ignora un simple y muy humano hecho… Parecen sólo vagamente conscientes de que la erudición guarda poco valor cuando no refleja un avance en la preparación y los resultados de la persona (…)  Nadie ignora que vale quien sabe y actúa, y no quien sabe y se duerme (…) Los síntomas de esta dolencia son: tendencias enciclopedistas, dominio de muchos idiomas, algunos totalmente inútiles, abono exclusivo a revistas poco conocidas, acaparamiento de cuantos libros novísimos aparecen en el escaparate de los libreros, lectura asidua de lo que importa saber, pero sobre todo de lo que a pocos interesa, pereza invencible para escribir y desvío del seminario y del laboratorio.

 

Organófilos o Adictos a sus instrumentos

Los instrumentos (hoy los gadgets, las webs, las aplicaciones o las redes sociales, por ejemplo) pueden ser muy útiles, pero generar obsesión por las herramientas puede hacer que pierdas de vista tus objetivos; dominar tus instrumentos es importante, pero no debes olvidar que son sólo eso, un vehículo que te ayude a alcanzar tus objetivos. Cuidado con querer tener todo bajo control y como los chorros del oro, el exceso de perfeccionismo es un paralizador a la hora de emprender. Es saludable saber organizarse pero sin pretender acapararlo todo. Aprende a delegar en los demás, busca colaboradores o contrata aquel servicio que se te pueda estar escapando de las manos. Por ejemplo, puedes tener una web reluciente pero si detrás de ella nadie va a aplicar estrategias de comunicación para llegar a tus clientes, ni campañas de marketing para atraer al público, habrás perdido un tiempo productivo para tu emprendimiento.

¿Verdad que recuerdan a esas excelentes señoras las cuales adornan primorosamente la sala, ordenan escrupulosamente los muebles, barnizan diariamente el parquet y en evitación de manchas y desarreglos reciben a sus relaciones en el comedor? Claro es que de los organófilos empedernidos no puede sacarse partido. Padecen morbo casi incurable, sobre todo si va asociado, según ocurre con frecuencia, a cierto estado moral poco confesable: a la preocupación egoísta y antipática de impedir que otros trabajen, ya que ellos no saben o no quieren trabajar

 

Megalófilos

Es el perfecto ideólogo, heredero del cuento de “La lechera” que construye su fortuna a base de fábulas mentales. Tienen un ego enorme y creen que, dado su alto porcentaje de coeficiente intelectual, el éxito vendrá por sí solo. Sin embargo, tienen poca perseverancia por no decir ninguna. Podría decirse que son más soñadores que talentosos, incluso, aunque su talento podría ser mucho, al final sus ideas quedan diluidas en una nube.

A guisa de subvariedad de los megalófilos consideramos los proyectistas, que recuerdan a los antiguos arbitristas. Distínguense fácilmente por la ebullición y superabundancia de ideas y de planes de acción. Ante sus ojos optimistas, todo aparece de color de rosa. Por seguro tienen que, una vez secundadas, sus iniciativas abrirán amplios horizontes a la ciencia y rendirán frutos prácticos inestimables. Sólo hay que deplorar una pequeña contrariedad: ninguna empresa llega a plena sazón. Todas se malogran (…) ¡Y todo por no haberse plegado desde el principio, modesta y humildemente, a esta ley de Naturaleza, que es también táctica de buen sentido!: abordar primeramente los pequeños problemas para acometer después, si el éxito sonríe y las fuerzas crecen, las magnas hazañas de la investigación. Esta actitud prudente podrá no conducir siempre a la gloria, pero en todo caso nos granjeará la estima de los sabios y el respeto y consideración de nuestros conciudadanos.

 

Descentrados o Inadaptados sociales

Lo más probable es que en algún momento de la vida, todos nos hemos sentido un poco inadaptados o inadaptadas. Tal vez fuese en la escuela cuando simplemente no te unías a grupos de niños, o tal vez en ese trabajo mecánico donde tus habilidades creativas difícilmente prosperaban como hubieras deseado porque siempre estabas bajo el mando de un jefe mediocre e incompetente. Independientemente del medio ambiente, sentirse como un inadaptado puede ser perjudicial para las personas con talento, puesto que este estado anímico conduce a la complacencia y la pereza, lo que nunca les permitirá emprender e ir más allá de su situación actual (trabajos inadecuados para sus aptitudes naturales o desempleo por haber sufrido un despido improcedente). Sin embargo, Ramón y Cajal aporta una solución a estas personas sugiriendo que deben generar la determinación de alcanzar objetivos elevados, buscar una profesión que se adapte a sus talentos, porque cuando se decide emprender habrá que dedicar gran cantidad de energía y siempre será más fácil hacerlo cuando se siente la vocación.

Más que anormales —pensará alguno—, los descentrados son infortunados a quienes circunstancias adversas impusieron oficio contrario a sus inclinaciones. Sin embargo, bien consideradas las cosas, dichos fracasados entran también en la categoría de abúlicos, porque carecen de la energía necesaria para cambiar de camino, armonizando al fin la vocación con el empleo.

Los descentrados crónicos parécennos enfermos desahuciados. No así los jóvenes, a quienes sugestiones de familia o ironía del medio moral desviaron de su destino, obligándoles a trabajo de forzados. Flexibles todavía las coyunturas mentales, harán bien en cambiar de dirección en cuanto soplen vientos favorables. Aun aquellos que, amarrados a una ciencia extraña a sus aficiones, viven como desterrados de su patria ideal, podrían redimirse y trabajar con provecho si, levantando el ánimo al cumplimiento de sagrados deberes, procuraran buscar dentro de sus tareas oficiales algún dominio agradable donde laborar hondo y bien. ¿Qué ciencia carece de algún oasis deleitoso donde nuestra inteligencia encuentre útil empleo y plena satisfacción?

Teorizantes

A esta personalidad le encanta quedarse divagando entre las teorías, incluso muchas veces formulan teorías tan personales que no se ajustan a la realidad en la que viven, puesto que sus ideas no son para llevarlas a la práctica sino más bien para recrearse entre sus pensamientos. Son eternos estudiantes que se regodean en las ideas de filósofos gozando de examinar cada detalle de su teoría para que se ajuste a sus planteamientos. Muchas personas gustan de analizarlo todo, formular incesantes teorías, y ello podría ser útil, pero si ni siquiera se atreven a publicar un libro con sus teorías, mucho menos van a emprender con el afán de servir a los demás.

Hay cabezas cultísimas y superiormente dotadas cuya voluntad padece una forma especial de pereza tanto más grave cuanto que ni a ellos se lo parece ni por tal suele reputarse. He aquí sus síntomas culminantes: talento de exposición, imaginación creadora e inquieta, desvío del laboratorio y antipatía invencible hacia la ciencia concreta y los hechos menudos. Pretenden ver en grande y viven en las nubes. Prefieren el libro a la monografía y las hipótesis brillantes y audaces a las concepciones clásicas, pero sólidas

 

Quejicas

En realidad Ramón y Cajal no contempló esta séptima personalidad en su libro, sin embargo es un factor que en la actualidad goza de mucha popularidad. La gran mayoría de las personas que no emprenden se quedan ancladas en la eterna queja, son quejicas patológicos. Quizás mi atrevimiento para aseverar esta patología provenga de mi ignorancia en materia neuronal (siempre he sido más de letras) pero es un comportamiento que he observado en mi vida como emprendedora. A los quejicas nada de su entorno les convence, tienden a ser catastrofistas y se regodean en la crítica social de bar. No son capaces de poner nada en marcha porque sus hipótesis suelen fundamentarse en observar las amenazas en vez de las oportunidades. Su parasitismo no tiene límites y convive sin resquemor con las circunstancias. Estas personas se quejan por todo. Se quejan de sus jefes pero no se ponen por su cuenta, se quejan de su salario pero no cambian de trabajo, se quejan del último servicio recibido pero no emprenden otro que ofrezca mejores recursos.  Están estancados en la eterna queja; por el clima meteorológico, por la corrupción política, por la ropa tendida de la vecina, cualquier tema que elijas será oportuno para alimentar su patología. Y así se pueden tirar por secula seculorum, desperdiciando su valioso talento sin ponerlo al servicio de los demás. Para esta actitud nos remitimos a Liebig, químico citado por Ramón y Cajal en su libro

No hagas hipótesis. Ellas te acarrearán la enemiga de los sabios. Preocúpate de aportar hechos nuevos. Los hechos son los únicos méritos no regateados por nadie, hablan alto en nuestro favor, pueden ser comprobados por todos los hombres inteligentes, nos crean amigos e imponen la atención y el respeto de los adversarios.

Estos siete pecados capitales son los obstáculos que imponemos a nuestra mente para no alcanzar nuestros sueños, pero esta “enfermedad de la voluntad” tiene su cura, hacer examen de conciencia y actuar en coherencia con las respuestas dadas. Una vez traspasado y superados estos bloqueadores de la voluntad, llega la hora de emprender. Ponemos a tu alcance el modo de hacerlo con nuestro programa Emprende con la Gorra,  aprender y emprender irán de la mano para que logres poner en marcha tu emprendimiento

22 disparatadas posiciones para vender espejos

22 disparatadas posiciones para vender espejos

La imagen que encabeza este artículo podría parecer que, en pleno verano, estemos celebrando Halloween. Lejos de esa realidad, el propósito es vender un producto bajo una identidad oculta y para ello, desarrollamos una facultad sorprendente para cumplir con el objetivo. La creatividad aflora de una manera disparatada cuando intentamos vender un espejo en diversas plataformas online. Es curioso como el ingenio que posee el ser humano puede jugarle malas pasadas en situaciones complejas. A pesar de todo, lo que nos encanta, es observar todo ese derroche de ideas para lograr no ser el protagonista en la venta de un espejo. Como es obvio, sin alcanzar dicho objetivo. Lo que nos conduce a hacer una reflexión sobre nuestra mentalidad emprendedora ¿por qué tenemos esa fobia para mostrar nuestra identidad cuando nos decidimos a vender online?

 

Podemos estar recorriendo las redes sociales y subir los selfies en las posiciones más inimaginables, que no sentimos ningún pudor al exponernos a los demás. Ahora bien, llega la hora de vender algún producto o servicio y preferimos guardar nuestro anonimato como oro en paño ¿qué sentido tiene esa conducta?. Lo que nos lleva a pensar que los humanos, en algunos aspectos, rozamos el ridículo con nuestras contradicciones.

Quizás fuese más productivo utilizar todo ese despliegue creativo en encontrar la manera de llegar a nuestro cliente potencial sin miedo a ofrecer nuestra mejor sonrisa. Pero para lograrlo, todavía nos hace falta aprender a relacionarnos online como lo haríamos en persona; con amabilidad, cercanía y sentido de servicio. Además de poseer una mentalidad emprendedora. Cualidades que pocas veces nos han enseñado a desarrollar desde la escuela porque creían que no se ajustaba al programa curricular y sin embargo, son necesarias para desenvolvernos profesionalmente en la era de la comunicación.

Saber canalizar nuestro talento también requiere de un entrenamiento, aprender a aceptar la realidad ayuda a no consumir nuestras energías en hacer malabares para evitar ciertas tareas que estamos obligados a afrontar cuando hemos decidido emprender. Si te has propuesto vender online, créeme, no agotes tus recursos en ocultar tu identidad. Busca una buena pose, muestra tu rostro y sonríe al público

7 consejos para poner en acción la creatividad

7 consejos para poner en acción la creatividad

En un mundo cada vez más tecnológico, es en el proceso creativo donde nos encontramos sumergidos en un mar de dudas e incertidumbres que nos imposibilita desarrollar una idea. La hiperinformación se presenta como un bloque que hace frontera a nuestra libertad de pensamiento y nos sitúa en un laberinto donde encontrar la salida parece una tarea imposible de alcanzar. Se hace preciso pensar “fuera de la caja” pero ¿por dónde empezar? Estos son los 7 consejos para poner en acción una idea o proyecto:

 

Ejercicios de relajación/meditación

Procúrate un espacio silencioso para realizar varios ejercicios de respiración atenta. Encuentra una habitación tranquila o lugar propio que no sea el habitual de tu trabajo. En posición sentada y en calma, presta atención durante 15 minutos al sentido de tu respiración, dejando que la mente haga un recorrido imaginario por las partes de tu cuerpo. Estar con la mente en calma es la antesala para la concentración.

 

Anotar las primeras ideas

Si llevas contigo el móvil, podrías utilizarlo para grabar todas aquellas ideas que te surjan en el momento. Pero si estamos hablando que las tecnologías parecen estar acaparando nuestra atención, es mejor recurrir al método tradicional; llevar encima siempre un cuaderno o blog de notas para escribir nuestras ocurrencias. La caligrafía y el propio ejercicio de escribir nos ayuda a focalizar el pensamiento, proporcionando fluidez y claridad de ideas.

 

Genera hábitos

La ausencia de hábitos es el principal detonante para dispersarse entre infinidad de pensamientos, llevando a veces un desorden difícil de controlar y provocando, por ende, distanciarnos de los objetivos concretos. Enfocarse requiere de la consecución de actividades bajo cierta disciplina. Una manera que ayuda a cambiar esta conducta es creando un calendario semanal donde planificar las actividades que deberás realizar de lunes a viernes. Dentro de ese calendario, hazte con una agenda donde anotar las tareas diarias. Procura escribir en tu agenda acciones precisas, reales y medibles. Intenta fijarte acciones que puedas cumplir y no saturar tu agenda con tareas para un mismo día. Es preferible quedarse con el deseo de hacer nuevas tareas que con la sensación de no haber cumplido con alguna de ellas.  Persigue el lema “sin prisa pero sin pausa”. Lo importante es generar hábitos saludables y premiar la constancia con la motivación de haber terminado las tareas del día.

 

Visita una exposición o museo a la semana

Estudios indican que el ejercicio de caminar estimula la faceta creativa al oxigenar nuestro cerebro, “mens sana in corpore sano”. Si además nos planteamos caminar por lugares estimulantes, contribuimos a enriquecer nuestra creatividad con contenidos visuales. Pasear por museos o exposiciones nos ayudará a tomar nuevas ideas guiados por la genialidad de otros artistas. Procura que la exposición esté ligada con la temática en la que estés trabajando o que al menos, exista cierto paralelismo con tu proyecto. Por ejemplo, la visita a una exposición de Hitchcock me enseñó las claves para jugar con el misterio en una campaña de marketing. Pasear por los museos ha contribuido a que tenga la firme convicción que las ideas nacen en contacto con otras visiones. Pero para ello, hay que acudir al museo con un espíritu curioso, procurando realizarte las preguntas idóneas entorno a tu idea. Y por cierto, cuando vayas al museo, no olvides llevar tu cuaderno de notas. Apunta todas las respuestas que te vayan surgiendo, aunque te parezcan descabelladas, porque te serán útiles más adelante para ir dando forma a tu proyecto.

 

Practicar la escritura manual

Escribir se ha convertido en la gran olvidada. Sujetos a nuestros aparatos móviles, con su infinidad de app, hemos perdido la costumbre de hacer esquemas mentales con lápiz y papel. Sin embargo, el simple ejercicio de tomar apuntes manualmente ayuda a que el cerebro procese toda la información de manera más significativa, elocuente y desgranando la idea global. Una técnica que suelen utilizar los creativos y puede compaginar muy bien con el ejercicio de la escritura manual es la conocía como “técnica del murciélago”. Así como los murciélagos se ponen boca abajo para tener otra visión del mundo, nosotros buscaremos un punto de partida diferente al habitual para observar el mundo y comenzar a aportar ideas nuevas. En la película “El Club de los poetas muertos”, el maestro hace que sus alumnos se suban a la mesa y desde allí observen su entorno invitándolos a que digan lo primero que se les pase por la cabeza. En este caso, hacemos lo mismo e iremos plasmando nuestra visión en papel, escribiendo todo aquello que se nos vaya ocurriendo entorno a nuestro proyecto. Luego con calma, podremos ir desarrollando la idea con mayor precisión.

 

Silenciar la tecnología

Recientes estudios indican que la soledad para un creativo es esencial, un aislamiento buscado reporta beneficios para una mente divergente. El conocido guionista Dalton Trumbo se encerraba varias horas en el cuarto más inverosímil de su hogar, en el baño. Pedía a su familia que bajo ningún concepto -aunque la casa estuviera ardiendo- se le interrumpiera. Dentro de la bañera y durante largos baños escribía sus guiones. En ese aislamiento encontraba la inspiración necesaria para dar forma a sus obras. En la actualidad, vivimos en una sociedad en continua conexión con el exterior, sin apenas escuchar nuestra propia voz. Situación bastante perniciosa si pretendemos crear un proyecto y avanzar en él. Si has decidido emprender, tendrás que fijarte unos tiempos fuera de las redes sociales, los mensajes, emails y whatsapp. Como hemos dicho al comienzo, procurarte una habitación propia donde desconectes de internet, apagues el teléfono y permanezcas aislado. Evitando de este modo cualquier elemento de distracción. El silencio exterior te ayudará a escuchar tus propios pensamientos.

 

El artista copia el genio roba

Como ya comentamos en el artículo “Copiar ¿virtud o defecto?”, Picasso lo tenía claro; “Los grandes artistas copian, los genios roban”. Y es que la inspiración no nace de la nada, ni es ningún milagro, hay que crear entornos adecuados además de estar rodeados de personas creativas y proactivas que tengan las mismas inquietudes que las tuyas. Formar parte de grupos de ámbito artístico estimula nuestra imaginación, ayuda a imitar muchas técnicas y recursos que enriquecerán nuestra trayectoria. El aprendizaje se origina también en la socialización con gente emprendedora y en el intercambio de ideas que se produce entre ambos.

Los 3 fantasmas en el proceso creativo

Los 3 fantasmas en el proceso creativo

Siempre nos inundan de información contando las virtudes de una mente creativa, divergente y de las facilidades innatas que posee el creativo para ser innovador. Pero nadie nos habla de las dificultades a la hora de iniciar un proyecto, como si construir nuevos mundos fuera un don o un milagro caído del cielo. Sin embargo, no existe ningún don, todo viene dado por el entrenamiento diario, el esfuerzo o voluntad personal para superar los obstáculos. Es cierto que todos poseemos la habilidad de poder crear cualquier proyecto que nos planteemos, pero son muchos quienes se quedan en los comienzos a pesar de tener un talento extraordinario para la imaginación y el desarrollo de cualquier tarea creativa.

Los emprendedores sentimos que nos anquilosamos, sufrimos de bloqueos cuando tenemos que iniciar una campaña de marketing, poner algún nombre atractivo para nuestro programa o servicio, generar feedback en la redes sociales o encontrar un título original para escribir un artículo que toque la fibra del lector. Casi todo se nos hace cuesta arriba por culpa de los tres fantasmas que martirizan a todo creativo:

El Miedo

La Apatía

La Procrastinación

 

Una mente divergente conlleva perderse en multitud de pensamientos, dispersarse en infinidad de ideas sin lograr encontrar el enfoque necesario para ponerlas en marcha ¿cómo no iban a juguetear estos tres fantasmas dentro de nuestro cerebro? Con lo cual, la habilidad de ser muy imaginativos se puede convertir en un obstáculo a la hora de generar nuevas ideas y, para no engañarnos, nos puede llevar a la frustración si no sabemos gestionarlo, dando como resultado la desmotivación que nos impide avanzar en nuestro proyecto. Es una reacción normal, porque en el fondo, es un mecanismo de autodefensa que todas las personas poseemos para esquivar fantasmas y permanecer en nuestra área de confort. Curioso ¿verdad?, podemos ser muy creativos para inventar cien mil escusas, cargárnoslas sobre nuestras espaldas de manera muy sutil y permanecer cómodos en la cotidianeidad. Sin embargo, por otro lado aceptamos el hecho de que no somos creativos. Una excusa más para no encontrarnos con los fantasmas.

Los miedos aparecen reflejados en la conocida “página en blanco”. Aunque a una persona creativa le nazcan ideas de la nada (es un decir), en el momento de materializar su idea es cuando aparece el miedo al fracaso, al ridículo o a la crítica que podamos recibir de nuestro entorno. Estarías de enhorabuena si te acontece la visita de este fantasma, pues dentro de todos los fantasmas mencionados, el miedo es el menos perjudicial o preocupante de los bloqueos, pues no te encuentras en ausencia de un objetivo. Es decir, has logrado tener una idea para desarrollarla con el propósito de alcanzar un objetivo; el diseño de un vestido para tu próxima colección o la creación de un vídeo que impactará en tu próxima campaña publicitaria, por poner un par de ejemplos. Así pues, has logrado superar la “página en blanco” porque conoces tu misión y sabes como lo conducirás. Tienes ya un plan pero te frena ese pensamiento destructor que te congela con un “no tendrá la aceptación deseada” y te inhabilita para pasar a la acción. Si has llegado a ese punto, ¡felicidades! eres una persona creativa pero te falta la valentía de un artista, ser tú mismo y mantenerte en la autenticidad. El remedio lo tienes a tu alcance; Te toca despojarte de las expectativas, sacudirte ese sentido absurdo de perfeccionismo y pasarte por el sombreo “el qué dirán”.

La apatía surge con la falta de objetivos claros y precisos. Tenemos la certeza que debemos crear un proyecto que impacte en la sociedad pero nos quedamos atascados en el maremágnum de ideas y en un pensamiento abstracto que abarca una idea gigantesca (pensamiento global) olvidando las pequeñas acciones u objetivos concretos. Si te encuentras con el fantasma de la apatía, puedes darle esquinazo fijándote objetivos concretos que te lleven a la consecución de tu objetivo general. Participar en charlas que traten sobre las inquietudes que tengas, formarte o especializarte en una temática de tu sector, crear un blog para aportar tus conocimientos a otras personas. Son ejemplos para comenzar con pequeñas acciones que te ayudaran a estimular tus capacidades emprendedoras. Generar sinergias es el mejor aliado para retroalimentarse y no caer en la apatía.

Llega el más resultón de los fantasmas, la procrastinación. Procrastinar es otro de los enemigos del creativo, que tiene la facultad de recrearse en los ambientes hedonistas y descansar en un colchón confeccionado con la saturación de información, dejando para mañana lo que podría hacerse en el presente. Podemos caer en esta situación cuando, aún teniendo un objetivo definido, sentimos no tener las herramientas adecuadas para llevarlo a cabo y recurrimos a la búsqueda continua de una musa que nos inspire. Pero realmente las musas habitan dentro de uno mismo, solo se debe crear un ambiente estimulante de productividad. Normalmente generando hábitos de trabajo lograremos impulsar la aparición de las musas, porque lejos de estar en el exterior, se encuentra en nuestro interior; la perseverancia.

Si después de todo lo expuesto sientes que todavía no tienes una herramienta para combatir a esos tres fantasmas, te invito a que comiences a utilizar la técnica del equipo “A” (en tu imaginario habrá aparecido la banda sonora de la serie, no estas mal encaminado) Sigue el orden de las siguientes tres ases que serán tu perfecta guía para la aventura de emprender:

1º Analizar

2º Asumir

3º Acción

 

Analizar la situación que nos impide avanzar, buscando el origen de nuestros estados emocionales y por donde se nos han colado los fantasmas. Pasamos a Asumir nuestros fantasmas, dándoles la bienvenida porque somos conscientes que los fantasmas serán nuestros compañeros de viaje. Después comenzaremos con la Acción, aún con la desagradable compañía de estos tres fantasmas no invitados nos pondremos a trabajar sobre nuestra idea. Notarás que conforme vayas realizando pequeñas acciones para lograr objetivos concretos, los fantasmas quedarán en un segundo plano y tu seguridad será la protagonista. En cualquier caso, siempre podrás decir que en tu proyecto nunca estuviste solo o sola, puesto que contigo iban el señor miedo, la aterciopelada apatía y la descarada procrastinación. De hecho, estos tres personajes fantasmagóricos de ojos saltones y mirada inquisidora me han acompañado durante la elaboración de este artículo que espero, te haya aportado luz al final del túnel.

Copiar ¿virtud o defecto?

Copiar ¿virtud o defecto?

Picasso lo tenía claro; “Los grandes artistas copian, los genios roban”. La inspiración no nace de la nada, ni es ningún milagro. Los avances en neurociencia nos van ilustrando que el cerebro funciona por conexiones de neuronas. Las ideas, por tanto, llegan al producirse una conectividad dentro de nuestro cerebro que impulsa la creación de nuevas ideas y para ello, el individuo antes ha experimentado un “convivir” en entornos artísticos, teniendo un acceso a la cultura que estimula esa parte creativa del cerebro. Es por esa razón que imitar, copiar o emular a otros artistas forma parte del proceso de aprendizaje en las personas. En parte, el talento se hereda dentro del hábito que genera la práctica de copiar.

En la primera infancia, el proceso de aprendizaje de los niños está basado en la imitación, desde el habla hasta cualquier conducta cotidiana es adquirida mediante el juego de la emulación. Con el tiempo y a la edad adulta, vamos restando importancia al hecho de que el ser humano adquiere sus conocimientos a través de la imitación. Pero no todos los creativos menospreciamos la práctica de copiar a otros genios; el cine, la pintura, la fotografía o incluso la danza está repleta de artistas que se han atrevido a copiar a sus antecesores.

Por tanto, el hecho de copiar, lejos de ser el polo opuesto de la creatividad se convierte en el impulsor de la misma. Una virtud que deberíamos adquirir si nos dedicamos al mundo artístico, creativo o emprendedor. Se supone que la creatividad requiere de originalidad, innovación y libertad de pensamiento, mientras que copiar es algo rutinario o vulgar, que no puede ir más allá del intelecto. Así lo hemos entendido durante años porque hemos adquirido una lógica cuadriculada que nos impartieron desde las escuelas por el pecado que suponía copiar en los exámenes.

Parece poco probable entonces que haya un vínculo entre la reproducción del trabajo de otro artista y la posibilidad de crear un nuevo trabajo propio y novedoso. Sin embargo, Kentaro Ishibashi y Takeshi Okada, arquitecto y profesor de la Universidad de Tokio en Japón, respectivamente, han estado investigando este tema durante varios años, y encontraron que la copia puede ayudar a facilitar la creatividad artística.

En su experimento, los investigadores convocaron a 30 estudiantes universitarios para un estudio de tres días, y los dividieron en grupos. A un grupo, el grupo de control, se le pidió que dibujara una obra de arte original cada día y se le proporcionó un objeto para usar como sujeto, como una copa de cóctel, un caparazón o una planta en maceta.

El segundo grupo también recibió instrucciones de crear un dibujo original de un objeto banal del mundo real el primer día. El segundo día, sin embargo, se les presentó una imagen de una obra de arte abstracta de un artista y se les pidió que “copiaran la imagen en una hoja de papel en blanco mientras imaginaban la intención del pintor”. Luego, al tercer día, los participantes produjeron su propia pieza original, nuevamente basada en un objeto real.

Dos artistas profesionales luego evaluaron las obras de arte producidas por ambos grupos, asignándoles puntajes de uno a cinco a través de tres criterios destinados a evaluar la creatividad: atractivo estético, originalidad y habilidad técnica. (Los profesionales pudieron revisar todos los trabajos antes de comenzar a asignar puntuaciones).

Resultado:

Las obras creadas por el grupo que había copiado a otros artistas fueron calificadas como más creativas que las creadas por el grupo que no las había copiado. Los participantes que no habían copiado el trabajo de un artista produjeron dibujos más realistas en el tercer día, mientras que los que habían copiado crearon piezas que exhibieron con más experimentación. Cabe destacar que sus obras no se hicieron eco del trabajo que se copió, sino que reflejaron su propio estilo personal, lo que sugiere que el acto de copiar llevó a un sentido más amplio de libertad artística entre los participantes.

“La creatividad incrementada no es realmente un producto de la copia per se”, dice Okada. En cambio, se trata de ser empujado más allá de lo familiar. Por supuesto, “lo que constituye “familiar” en el arte es diferente para un artista profesional inmerso en el arte contemporáneo que su estudiante promedio”, señala.

Los que estaban en el grupo de control simplemente dibujaban objetos que estaban en la sala, e incluso algunos informaron que no creían que pudieran crear un dibujo satisfactorio si intentaban ser originales. Su imaginación estaba limitada por la falta de exposición a otras posibilidades. En contraste, quienes copiaron el trabajo abstracto comprendieron que su arte no tenía que adherirse al realismo, y por lo tanto produjeron obras más variadas e interpretativas.

Otra explicación de la relación entre la copia y la creatividad, según lo revelado por un cuestionario posterior a la prueba, es que el trabajo de copia obligó a los participantes a considerar la forma y el estilo del artista, así como el suyo propio. La copia empujó a los participantes a comparar su propio estilo con el de otra persona y les permitió pensar en aspectos de sus propios dibujos que de otra forma no habrían cuestionado o considerado. La copia “buena” no se trata simplemente de corregir la línea y la forma, sino cuestionar por qué un artista trabajó de cierta manera, qué estaban pensando. En definitiva, este ejercicio generó nuevas ideas.

Otros experimentos conducidos por Okada e Ishibashi han encontrado que la contemplación intensa de una obra de arte podría producir efectos creativos similares, incluso sin copiar. “La creatividad no se trata de pensar algo en tu mente por ti mismo”, dice Okadan, “la creatividad ocurre cuando encuentras algo”. Lo que nos lleva a pensar que tanto artistas, creativos o emprendedores podemos encontrar muchas respuestas cuando acudimos a un museo o exposición, pues estaremos activando el proceso de desbloquear nuestra mente logrando estimular nuestro pensamiento divergente para alcanzar una idea genuina.

En cuanto a los detractores del uso de esta práctica y a los artistas temerosos de ser copiados, nos remitirnos a lo que decía Coco Chanel cuando la gente copiaba sus diseños  “para mí, la copia es un éxito. No hay éxito sin sus copias y sus imitadores” ¿A qué estás esperando entonces para ser un genio en cualquier materia creativa? Busca, compara, copia y ¡mejóralo! Estarás en el camino de la innovación y siéntete orgulloso si te copian porque ¡habrás logrado ser un genio!