Hace como unos meses atrás, descubrí uno de esos libros que podría decirse te dejan huella. Me parecieron tan alucinantes sus ilustraciones que no hay día que al abrir el libro descubra dentro de sus páginas una historia nueva que contar. Y no será por la lectura de sus palabras, pues todas ellas son una incógnita por resolver que, aún sabiendo varios idiomas, ninguna letra puede ser legible por un adulto humano. Podría decirse que el “Codex Seraphinianus” es un libro escrito para el beneplácito de esa niña revoltosa que definió Lewis Carroll. Alicia se sentiría emocionada por encontrar, al fin, un libro donde hablen más los dibujos que las palabras. Ella tenía muchísima razón, esos libros espesos con infinidad de letras comprensibles y sin ninguna ilustración son muy aburridos. Parecen tener el propósito de no conducirte a nada salvo a destruir la imaginación del lector.

Sin embargo, este libro que fue publicado en 1981 por el artista Luigi Serafini y realizado durante trece meses de trabajo -entre los años 1976 a 1978-  ha dado como resultado una de las mayores obras maestras donde sumerge al público en una aventura sorprendente. Lo que convierte al Codex Seraphinianus en un libro genuino además de divertido son sus peculiares características: 360 páginas con ilustraciones que rozan entre la fantasía y lo surrealista, acompañadas de descripciones en un lenguaje desconocido con una caligrafía bellísima.

 

Aunque Luigi ha llegado a declarar en una entrevista que él no se considera artista sino poeta, a mi me parece que ha logrado la categoría de genio por la maestría, delicadeza y originalidad de su obra

“La palabra “artista” ha adquirido hoy en día una fuerte connotación de “dinero”. Uno es reconocido como artista sólo cuando sus obras empiezan a venderse por millones de euros, se replican y los coleccionistas se agitan por ellas. Eso les pasa incluso a los que pintan en las paredes, todo se convierte en arte a través del dinero. Por eso no me gusta mucho la palabra “arte”. Es mucho mejor llamarme a mí mismo poeta – esa palabra sigue siendo inocente, no hay muchos dólares a su alrededor. No estoy diciendo que el arte no necesite dinero. Para hacer una buena instalación a gran escala, por ejemplo, necesito bastante dinero, así que no se puede negar su importancia. Pero en la esencia del arte, en el impulso original, no debería haber dinero”

La rareza de los signos ortográficos que aparecen desde el principio hasta el fin del libro, además de ilustrar todo un compendio de otro mundo donde las condiciones de vida, habitantes y leyes físicas son distintas, ha despertado infinidad de teorías conspirativas entre la gente, desde que el autor fue abducido por extraterrestres hasta creer que esta enciclopedia fue escrita en un episodio psicográfico Incluso algunos expertos informáticos han intentado descifrar el texto creando decodificadores y programas informáticos. Todos los intentos llevados a cabo han sido en vano y el autor declara que:

“Descifrar no siempre significa entender. Una enciclopedia es siempre un sistema y un juego, siempre es un poco una broma. Pero la gente no cree en mi juego, necesitaban una leyenda basada en algún tipo de significado oculto. Pero un significado oculto en sí mismo no era suficiente, necesitaban un significado oculto que pudiera ser descifrado. No creo en esos trucos. Yo, personalmente, soy un acertijo y cualquier persona es un acertijo, y no hay un significado absoluto e innegable en el que puedas confiar para intentar resolver esos acertijos”

Lejos de todas esas fantasiosas teorías, Liugi ha realizado su obra con el objetivo de hacernos viajar a nuestra infancia, nos obliga a ponernos en la piel de un niño que se adentra en el proceso de aprendizaje de la lectura. Así lo explica cuando dice “la intención de estos caracteres es recrear la sensación de los niños que no saben leer cuando hojean libro”. Actividad, que tal vez muchos recordemos, cuando nos admirábamos con las ilustraciones de ciertos libros pero éramos incapaces de descifrar las letras. La obra de Serafini ha sido analizada desde este punto de vista que nos invita a leer las imágenes, no las letras

El Codex parece que tiene también mucho de futurista con las recreaciones de maquinarias, arquitecturas y aparatos para la construcción de objetos. Además parece estar anticipándose a como reaccionaría el público ante la creación de su peculiar escritura al dibujar un invento para la elaboración de un sistema de escritura. Así es: un código indescifrable para descifrar un código. Irónico juego que el autor se trae con la curiosidad del espectador.

Con su intención artística, Luigi Serafini consigue en gran parte su cometido pues al paso de las páginas del Codex realmente se despierta el deseo de poder comprender las descripciones que acompañan sus elaboradas y loquísimas ilustraciones. Ya sea por su propósito lúdico como por la destacada plástica de sus imágenes, el Codex Seraphinianus es un material que ha despertado la atención del público, editores y, sí, alocadas teorías.

Si has llegado hasta aquí, creo que te gustará sumergirte entre sus páginas y hacer brotar tu imaginación con muchas de sus divertidas ilustraciones, por esa razón te traigo la enciclopedia a esta sección. Me hará ilusión que me cuentes en los comentarios de este artículo que tal te ha parecido tu experiencia. Supongo que será tan gratificante como la mía

Si tienes cuenta en google drive, te invito a leer el libro entrando aquí