Se ha definido elProcess-Art” o “Antiform” al movimiento artístico que apela al sentimiento creativo y a un punto de vista sobre el mundo donde tiene más transcendencia el proceso por sí mismo que el producto final del arte. Este proceso dentro del “Process-Art” se refiere al proceso de la formación del arte: la búsqueda, clasificación, recopilación, asociación y estampado. Sin embargo, bien podríamos definir estos procesos artísticos como herramientas conductoras para la canalización de las emociones o la fuga de escape ante la catarsis, es decir, lo que todos conocemos como arteterapia.

Muchas son las disciplinas artística que pueden ser tomadas desde una perspectiva terapéutica, ya mencionábamos en “El poder de un diario para emprender” que la escritura era un instrumento eficaz para trabajar los bloqueos y estimular la creatividad. En la víspera del Año Nuevo de 1954, aproximadamente una semana antes de cumplir 19 años, la artista Eva Hesse tuvo que pensar lo mismo y comenzó un nuevo diario con una declaración de intenciones en su primera página:

“Abro mi nuevo libro… para presentar un nuevo capítulo de sabiduría, esperanzas, alegrías y miedos. Seré honesta conmigo misma; y con eso, ÉXITO”

En el transcurso de la breve carrera artística de Hesse, ella canalizó deseos y ansiedades profundamente arraigadas en esculturas que volcaban las rejillas minimalistas con formas flácidas y corporales; enredos frenéticos de cuerda gruesa; y superficies de látex que se asemejan a la piel y otras sustancias flexibles y pegajosas. Sin pretenderlo, la historia del arte contemporáneo ha situado sus obras como punto de referencia en la transformación de la escultura moderna y han sembrado, en cierto modo, el movimiento de arte feminista que estaba por venir. Aunque Gloria Lapeña Gallego de la facultad de Bellas Artes de Murcia, hace una brillante reflexión en su trabajo “¿Feminismo o necesidad? El proceso artístico en la obra de Eva Hesse y Ana Mendieta” sobre el arte como necesidad terapéutica para atenuar las inevitables heridas de la artista, habitualmente encasillada en la categoría de “feminista activa”

A continuación, vamos a explorar los diarios de Hesse, sus cartas y conversaciones con Nemser y su amigo Sol LeWitt en un intento de brindar al lector algunas lecciones que se pueden extraer de las palabras sinceras que la artista plasmó en el papel durante los diferentes periodos de su vida. Creemos que estas 4 lecciones podrán motivarte en tus procesos creativos, y por qué no decirlo, son también aplicables a la vida cotidiana:

 

Lección # 1: Si estás atascada, prueba nuevos caminos y métodos

 

 

Hesse después de estudiar en Cooper Union y en Yale, se dirigió a Nueva York, en particular a Bowery, donde se hizo amiga de artistas minimalistas como Sol LeWitt y Robert Ryman. En ese momento ella estaba haciendo pinturas, dibujos voluptuosos y líneas que se asemejaban al cabello erizado que explotaba de vagas rejillas. Pero en 1964, durante una residencia de un año en Alemania, se sintió bloqueada y ya no pudo plasmar la complejidad de sus emociones en pinturas. “La expresión a gran escala y en la pintura siempre fue tediosa”, le comentó a Nemser. “No era natural y pensé expresarlo de otra manera. Así que comencé a trabajar con alivio en otra dirección”

Ella trabajaba en una fábrica textil abandonada llena de sogas, cables y tubos eléctricos desechados. Allí encontró un potencial con todo aquel material dúctil y comenzó a convertir hebras gomosas y deshilachadas en acumulaciones circulares que crecieron de tablas pintadas y terminando en senos, dando como resultado su obra Ringaround Arosie (1965). Experimentos como estos desbloquearon a Hesse y a su regreso a Estados Unidos su mente se abrió a una gama de nuevos materiales y escalas. Desde entonces, ella se desafió a sí misma a probar nuevos métodos y afirmó:

“De hecho, mi idea ahora es descartar todo lo que aprendí o me enseñaron sobre esas cosas y encontrar algo más”

Lo que nos lleva a pensar que todo aprendizaje significativo se encuentra en la experimentación y que podemos salir de cualquier crisis o atasco mental cuando actuamos en direcciones opuestas o alternativas a lo conocido. Recuerda siempre en desaprender lo aprendido.

 

Lección # 2: Abraza lo absurdo

En la década de 1960, cada vez más Hesse aprovechaba para su trabajo lo que describió como “el absurdo total de la vida”. Esta frase abarcaba su propia trayectoria personal: escapar de la Alemania nazi cuando era niña, el suicidio de su madre a una edad temprana y luchar contra el cáncer a los 33 años. Auténticos dramas que expresó con su trabajo a través de dicotomías: disciplina versus libertad, concreto versus abstracto y orden versus caos. En una entrevista con Nemser, comentó:

“Cuando era una artista más joven o menos madura, siempre fui consciente de que podía combinar el orden y el caos, la cuerda y la masa, lo grande y lo pequeño. Intentaba encontrar los más absurdos… u opuestos extremos, y siempre era consciente de su contradicción formal. Siempre fue más interesante que hacer algo del tamaño correcto, la proporción correcta”

En 1966, Hesse hizo una pieza escultórica titulada Hang Up. Fue “la primera vez que surgió mi idea de absurdo o sentimiento extremo”, le dijo a Nemser. Sobre esta pieza Hesse comentó “Es la estructura más ridícula que he hecho y por eso es realmente buena. Está saliendo de algo y sin embargo nada”

Más tarde Hesse exploraría estos temas a través de la repetición obsesiva. En su serie “Adhesión” (1967-69), ató cientos de hilos de vinilo desordenados que se asemejaban a ejércitos de anémonas hambrientas o a un arbusto gigante. Cuando Nemser le preguntó por qué empleaba la repetición, la artista respondió “Porque exagera. Si algo es significativo, quizás sea más significativo decirlo diez veces”

Por tanto, que duda cabe pensar que aceptar con naturalidad aquellos momentos trágicos que llegan a nuestra vida de manera absurda y lograr transformarlos en obras, puede ser la solución para tener ese enfoque que nos ayude a desinhibirnos y crear nuevas expectativas

 

Lección # 3: Explora el mundo con espontaneidad

 

 

Hesse se esforzó por alcanzar un nivel de espontaneidad en su trabajo y créeme cuando digo que hay que esforzarse. Porque ser espontaneo no es tarea fácil en una sociedad donde la mayoría de la gente se toma los asuntos muy en serio y con una rigidez escalofriante. De hecho, esa prudencia que muchos practicamos para no ofender a nadie, lo sintió Hesse cuando en 1964 escribió en su diario:

“Me pregunto cuánto debo imponer de mis ideas preconcebidas y hasta qué punto debo estar alerta y dispuesta a aceptar lo que suceda en el lienzo”

Mientras que muchos de sus compañeros ocultaban sus métodos, formas de trabajo o procesos artísticos antes de exponer sus obras minimalistas, Hesse reintrodujo el desorden y el azar cuando dibujaba abiertamente esbozos que la guiarían en direcciones nuevas e imprevistas para realizar sus esculturas. Ella quería revelar, incluso celebrar, la verdadera naturaleza de sus materiales. No había motivo para avergonzarse de los procesos por los que debía pasar hasta llegar a un resultado final. “Tampoco es querer tener un plan tan definido. Es un bosquejo, solo un rápido dibujo para desarrollarlo en el proceso, en lugar de elaborar un modelo pequeño completo y seguirlo”, le dijo a Nemser.

“Tengo sentimientos muy fuertes acerca de ser honesta. Y en el proceso, me gustaría ser, suena cursi, fiel a lo que sea que use y usarlo de la manera menos pretenciosa y más directa. Si el material es líquido, simplemente no lo dejo ni lo vierto. Puedo controlarlo, pero realmente no quiero cambiarlo. No hay una regla. No quiero mantener ninguna regla… En ese sentido, no procesar los materiales se vuelve importante”

Quizás lo más importante que podemos extraer de las palabras de Hesse es que no se impuso reglas o pautas a sí misma. Sus procesos artísticos le ayudaron a aceptar lo que tenía, adaptarse al entorno y bucear entre sus emociones. La espontaneidad acudía al generar un canal libre de prejuicios, pensamientos y culturas autoimpuestas.

 

Lección # 4: Practica la valentía

 

 

Hesse luchó con la ansiedad y la duda, problemas que compartió con su buen amigo Sol LeWitt. En una carta de 1965, LeWitt la alentó a dejar de lado las aprensiones : “Aprende a decir ‘Fuck You’ al mundo de vez en cuando. Tienes todo el derecho a hacerlo. Solo deja de pensar, preocuparte, dudar, temer, lastimar… fastidiar, rechinar, regatearte a ti misma. Detente y simplemente HAZ”. Ella pareció seguir el consejo de su buen amigo y en 1970, cuando sus obras finalmente recibieron más atención y reconocimiento, atribuyó la fuerza de su trabajo a la valentía. Por entonces Hesse declaraba a Hemser:

“Por eso creo que podría ser tan buena. No tengo miedo. Podría correr riesgos. Tengo la mayor apertura sobre mi arte. Es total libertad y disposición para trabajar. Estoy realmente dispuesta a caminar al límite, y si no lo he logrado, ahí es donde quiero ir”

Tanto en su estudio como en su desarrollo personal, Hesse alcanzó el equilibrio al fusionar el coraje con una ética de trabajo obstinada. Dos premisas clave que toda persona debe cultivar para enfrentarse a los retos que impone la vida; valentía para no abandonar nuestros sueños y perseverancia para hacerlos realidad. Gracias al “Process-Art” esas cualidades pueden estar al alcance de todos